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Hace rato que no hablaba sobre la jornada laboral de 8 horas, algo que en su momento ya critiqué bastante. Para dar continuidad a las ideas, me encontré el otro día con otro interesante artículo al respecto (parece que somos varios los que pensamos esto), “The surprising reason we have a 40-hour work week (and why we should re-think it)” (La sorprendente razón por la cual trabajamos 40 horas y por qué deberíamos re pensarlo”, gracias @fedeaikaware que compartió el enlace). Sobre el mismo, comparto y reflexiono sobre algunas ideas…

En primer lugar, ¿cuál es esa sorprendente razón? El artículo cita declaraciones de Henry Ford donde explica claramente por qué pasó a las semanas de 5 días y 40 horas, en lugar de las de 6 días y 48 horas que se venían utilizando:

“El ocio es un ingrediente indispensable en un mercado de consumo cada vez mayor, las personas que trabajan necesitan tener suficiente tiempo libre para encontrar usos para los productos de consumo, incluidos los automóviles.” Henry Ford

Sí señor, la jornada de 40 horas laborales no fue pensada para otra cosa que para fomentar el consumo. Las declaraciones oficiales fueron un poco más alegres, interesante leer una noticia del primero de mayo de 1926 cuando se hizo el anuncio, donde ejecutivos de Ford declaraban:

“Toda persona necesita más de un día para descansar y actividades recreativas, Ford siempre estuvo comprometida con la vida personal de nuestros empleados. Creemos que para una mejor vida, las personas deberían tener más tiempo para pasar con su familia.”

Si llevamos eso a la vida actual, con ciudades más grandes con tiempos de transporte más largos y otras yerbas, parece ser que esta jornada de 40 horas tampoco es la más óptima para que la gente pase tiempo en familia, descanse o se divierta. Quizás lo que hace falta ahora es un Ford que tome la decisión que sea trascendental para el mundo, aunque quizás esa es la diferencia entre el capitalismo y el capitalismo salvaje; en ese modelo de consumo de los años 20 todavía se buscaba favorecer al mercado y favorecer al ser humano al mismo tiempo, hoy en día parece que cuánto más puedan explotarnos mejor, total vamos a consumir igual.

Igualmente, de a poco van apareciendo cambios en este aspecto, ya hemos conversado sobre algunos países que comenzaron a aplicar jornadas laborales reducidas y muchas empresas ya trabajan con esquemas más flexibles por objetivos (habrá que ver si los objetivos que se ponen están orientados a trabajar muchas horas o no).

Por otro lado, el artículo habla de cómo opera nuestro cerebro y la importancia que tienen los recreos para optimizar nuestro rendimiento mental. Quizás también es hora de profundizar algo que muchas empresas están haciendo: recreación en el horario laboral. Es decir, venís 8 (¡9!) horas a la oficina pero tenés varias cosas para descansar y relajarte mientras trabajás.

El problema de esto sigue siendo de fondo: ¿las tareas que asignamos a nuestro equipo son posibles de ejecutar en menos de 40 horas? Porque si no, lo que pasa (y pasa) es que la gente se relaja en el trabajo, pero después se tienen que quedar más tiempo en el trabajo (¡más de 9 horas!) para cumplir los objetivos, entonces no tenemos gente que pasa más tiempo en su familia, sino gente más individualista que vive en el laburo pero que la pasa bomba porque juega un metegol 15 minutos o se duerme una siestita en la oficina. Es decir, infelices que se divierten pero que no dejan de perder su libertad en manos de un empleo.

No es lo mismo estar 7 horas en el trabajo y después elegir cómo me divierto con quién yo quiero divertirme y de la forma que yo quiero divertirme, que estar 10/11 horas en la oficina pero contar con descansos dentro de la oficina, con las opciones que mi empleador elige darme o facilitarme. No es lo mismo.

¿Hay Fords de los años 2000? Los hay, el mismo artículo cita el ejemplo de Quirky, una empresa que decidió cerrar un mes al año y que sus empleados descansen. Algunos fragmentos de la carte que su CEO, Ben Kaufman, envió a los empleados, titulada “una nueva forma de trabajar”:

Vamos a cerrar la compañía por 4 semansa al año, es decir, en lugar de trabajar 52 semanas, vamos a trabajar 48. Este es un parate obligatorio de cierre total de todas nuestras actividades. Las luces se apagan, respiramos profundo.

Tiempo para nosotros para explorar otras actividades creativas. Relajarnos y no preocuparnos sobre las cosas. Tiempo para nosotros para preparar nuestra cabeza para volver al juego. Para muchos de nosotros, tiempo para limpiar nuestros departamentos, ver al dentista y comprar un nuevo par de zapatillas.

Tiempo en el que todos como equipo nos vamos a relajar al mismo tiempo, ya que no habrá nada de qué preocuparse. Tiempo para nosotros para reflexionar sobre el éxito y los errores del trimestre anterior, y preparar nuestra mente para el que viene.

Interesante, ¿no? Siguen apareciendo nuevos jugadores que van planteando cambios en el escenario laboral, ¿cuánto tiempo le quedarán a las 8 horas en el trabajo?

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Aclaración importante, no para todos los lectores, sino para mi jefe en el remoto caso que me lea: no estoy hablando de mí.

¿Saben que pasa? Estoy cansado de leer sobre emprendedores y todas esas cosas y nada de ánimo para los asalariados que nos levantamos todos los días a trabajar para que otro gane plata por el hermoso placer de tener asegurado un salario a fin de mes. :p

El otro día me encontré con un texto que habla de un tema que hace unos cuantos años me resulta interesante: ¿no trabajamos mucho? En general, en Argentina y el mundo la jornada laboral promedio es de 8 horas. O algo así. El artículo que leía se llama “El origen de la jornada laboral de 8 horas y por qué deberíamos re pensarlo” (está en inglés). Así que vamos a repensarlo.

Vamos por partes, ¿por qué trabajamos 8 horas? Acá me baso nomás en la fuente citada, donde se explica que la revolución industrial da origen a la jornada de 8 horas, en función de la automatización del trabajo en su momento se iniciaron campañas pidiendo que las jornadas laborales sean de esa duración (la imagen que pueden ver es parte de esos reclamos a finales del siglo XVIII) pensando tanto en los trabajadores como en una buena organización para la industrias que empezaban a trabajar 24×7.

Parece ser que el primero que lo implementó fue Ford y que logró con jornadas más cortas de lo habitual mejorar la productividad de su planta. Es decir que ya en ese entonces se mostraba que trabajar más horas no representaba necesariamente más o mejores resultados. 200 años después, parece que todavía no lo entendimos. Veamos.

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Ayer alrededor de las doce de la noche le mandé un mail a un chico que labura en mi equipo pidiendole algo ASAP (del inglés, as soon as possible). Me contestó: “¿Ahora o mañana?”. Para mí era obvio que el ASAP era una referencia a “hacelo el viernes” pero su respuesta no fue descabellada para nada. Evidentemente, todo es subjetivo y relativo, ninguno tenía razón, ninguno estaba equivocado. A veces uno está convencido que está siendo claro en la comunicación y sin embargo, no lo es.

Viajo por trabajo. Bastante. Desde el año 2008 que hago viajes por laburo y desde el 2009, que entré a ESET, es parte fundamental de mi trabajo, la oficina de ESET en Buenos Aires es para todo Latinoamérica así que desde Tijuana hasta Usuahia cubrimos todo el territorio y así he tenido la oportunidad de viajar por casi todos los países de la región par dar charlas. Hay una vieja canción para niños en Argentina (si mal no recuerdo de Pipo Pescador) que dice que “el viajar es un placer“, y generalmente cuando cuento que viajo por trabajo la charla deriva en el “privilegio” o “la suerte” que implica poder conocer el mundo y no tener que pagar los pasajes. Sin embargo, después de cinco años, vale destacar que viajar por trabajo implica situaciones que no siempre son tan placenteras. Recuerdo cuando entré a trabajar, en mis primeros días, quién era mi jefe me dijo algo así como “qué bueno que entraste, así voy a poder viajar menos“, y yo recuerdo pensar por adentro mío, “qué salame, si viajar es hermoso y es una de las cosas que me motivó a tomar este trabajo“. Ahora, cinco años después, lo entiendo.

Estos años no he estado afuera menos de 8 semanas al año, llegué a realizar 19 viajes en el año 2011, lo que significa que estuve afuera más o menos cuatro meses, un tercio del año no estuve en mi casa. Sin ir más lejos, esta semana que ando de viaje, desde que sali de casa hasta mi vuelta, transcurrirán seis noches, de las cuales pasaré tres en hoteles (en dos ciudades distintas) y tres arriba del avión. ¿El viajar es un placer? Si es un placer, por momentos es muy cansador.

En estos años me ha tocado ausentarme a cumpleaños de mi familia y mi novia, también a aniversarios con mi pareja, entre otras situaciones. También muchas veces uno sale de viaje y alguien de tu familia te necesita, se enferma, está mal, y uno no puede estar ahí para acompañar. Todavía recuerdo el peor viaje, hace unos años falleció el viejo de mi mejor amigo cuando yo estaba de viaje, todavía recuerdo el día del sepelio, yo estaba en El Salvador, en el Sheraton sin ir más lejos, y no podía parar de pensar que no quería estar ahí, que tenía que estar al lado de mi amigo, fue probablemente uno de los viajes más tristes.

Foto vía Flickr (jakematesdesign)

Foto vía Flickr (jakematesdesign)

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