Archivos para viajar

Hoy amaneció así en Buenos Aires y yo tranquilo, ahora salgo caminando del hotel. =)

Foto subida a Twitter por @deperezvolpin

Así como el otro día les contaba que viajar no siempre es un placer, debo confesar que hay un factor clave para que sí lo sea: comer bien. Viajar por el mundo es cansador y todo eso, como ya les conté la otra vez. Pero si hay algo que hace a un país interesante no es su historia, su cultura, sus museos, sus city tours; es su comida originaria. Entonces, amigos, si viajan, no pueden perder un minuto de su tiempo sin averiguar qué es lo que se come en ese lugar, cuáles son sus especialidades, y probarlas. Así, sin reparos. Salvo que tenga algún componente que les resulte espantoso, coman lo que sea. Una comida feíta se puede aguantar. Pasar por Perú sin comer un ceviche o por Argentina sin comer un asado deberían ser delitos internacionales, con pena de muerte. Y ayer estuve en Madrid. La comida española debería ameritar varios post, debería abrir un blog entero sobre cómo comen estos gallegos, sobre las tapas y otras yerbas, pero esta vez será más breve. Tuve la suerte de pasar una semanita acá en España en mi primera vez en este país, pero después de eso pasé algunas veces brevemente, hacia otros destinos europeos, para saludar a unos amigos que viven acá, y en esas visitas breves hay que priorizar. Entonces, si como yo, hacen una visita breve por España o acaban de llegar, en su primer comida deben sentarse en un restaurante (deben, no pueden, no se confundan) y pedir un sandwich de jamón ibérico y una tortilla española. Nada más, nada menos. Y después, así como quién dice la cosa, solo relajarse, disfrutar y ser felices. Eso hice yo ayer, y fui feliz. Por si tienen dudas de qué hablo, alguna fotitos y en un rato arrancamos con los post largos de la semana.

Capitulo aparte merece una alternativa que ofrecen muchos lugares que es comer un sandwich de tortilla y jamón ibérico, así, todo junto, entre panes. Eso ya es un pecado capital.

Viajo por trabajo. Bastante. Desde el año 2008 que hago viajes por laburo y desde el 2009, que entré a ESET, es parte fundamental de mi trabajo, la oficina de ESET en Buenos Aires es para todo Latinoamérica así que desde Tijuana hasta Usuahia cubrimos todo el territorio y así he tenido la oportunidad de viajar por casi todos los países de la región par dar charlas. Hay una vieja canción para niños en Argentina (si mal no recuerdo de Pipo Pescador) que dice que “el viajar es un placer“, y generalmente cuando cuento que viajo por trabajo la charla deriva en el “privilegio” o “la suerte” que implica poder conocer el mundo y no tener que pagar los pasajes. Sin embargo, después de cinco años, vale destacar que viajar por trabajo implica situaciones que no siempre son tan placenteras. Recuerdo cuando entré a trabajar, en mis primeros días, quién era mi jefe me dijo algo así como “qué bueno que entraste, así voy a poder viajar menos“, y yo recuerdo pensar por adentro mío, “qué salame, si viajar es hermoso y es una de las cosas que me motivó a tomar este trabajo“. Ahora, cinco años después, lo entiendo.

Estos años no he estado afuera menos de 8 semanas al año, llegué a realizar 19 viajes en el año 2011, lo que significa que estuve afuera más o menos cuatro meses, un tercio del año no estuve en mi casa. Sin ir más lejos, esta semana que ando de viaje, desde que sali de casa hasta mi vuelta, transcurrirán seis noches, de las cuales pasaré tres en hoteles (en dos ciudades distintas) y tres arriba del avión. ¿El viajar es un placer? Si es un placer, por momentos es muy cansador.

En estos años me ha tocado ausentarme a cumpleaños de mi familia y mi novia, también a aniversarios con mi pareja, entre otras situaciones. También muchas veces uno sale de viaje y alguien de tu familia te necesita, se enferma, está mal, y uno no puede estar ahí para acompañar. Todavía recuerdo el peor viaje, hace unos años falleció el viejo de mi mejor amigo cuando yo estaba de viaje, todavía recuerdo el día del sepelio, yo estaba en El Salvador, en el Sheraton sin ir más lejos, y no podía parar de pensar que no quería estar ahí, que tenía que estar al lado de mi amigo, fue probablemente uno de los viajes más tristes.

Foto vía Flickr (jakematesdesign)

Foto vía Flickr (jakematesdesign)

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