Archivos para jefe

Entre todos los tipos de boludos que podés ser cuando tenés que ser jefe, uno de los peores es el jefe amigo. Hay jefes que creen que ser amigo de tu gente es uno de los pilares del liderazgo. Yo no estoy de acuerdo, y Pep Guardiola tampoco. :p

Por supuesto que no hablo de la circunstancial situación en la que te hagas amigo de algún colaborador o te toque ser jefe de un amigo. Hablo de un estilo de liderazgo que está basado en la idea de que si soy amigo de “todos” mis subordinados, soy un jefe copado. Y sobre esto se expresó Pep Guardiola el otro día. Para algunos se que solo es un técnico de fútbol pero para mí es un gran ejemplo de liderazgo, un tipo que armó el probablemente mejor equipo de fútbol de todos los tiempos y lo llevó a resultados inesperados por vías inesperadas (no solo el fin, ¡los medios han sido excepcionales en Pep!).

En fin, ¿qué dijo Pep?

“Soy un gran amigo de mis jugadores cuando aceptan lo que digo.”

Un genio. A veces yo tengo que hacer unos post infumables de 800-1000 palabras para decir algo que se puede decir en una oración. Pero es así, e intentaré resumirlo (no tanto como Pep). Uno puede ser “amigo” de su gente, puede llevarse bien, pero siempre tiene que estar supeditado a la idea de que primero, sos el que manda. Es decir, llevate todo lo bien que quieras con tu gente siempre y cuando esto no haga perderte tu posición de jefe. Y a mi criterio, si llegamos a la amistad pura, esa linea se pierde. Yo creo que uno puede estar muy cerca de ser amigo de tu gente, pero solo hasta ahí, cerca; pasando esa linea, serás un gran amigo pero no tan gran jefe.

A mí por ejemplo me encanta de vez en cuando comer un asado con mi equipo. Lo hemos hecho, la pasamos genial, nos reímos. Pero me gusta mucho más saber que se juntan sin mí, que hay secretos del equipo que yo no se, que hasta de vez en cuando se toman el gusto de criticarme un poquito (si me están leyendo, un poco nomás eh, ¡no se pasen!). A veces ver que el lunes mi equipo está conversando sobre una salida que hicieron me hace sentir tan bien, o probablemente mejor, que si hubiera ido. Y no porque no soy amante de las salidas, lo cual es cierto, sino porque siento que se consiguió algo mucho más importante para mí que ser amigo de mi gente, que ellos sean amigos entre ellos.

En fin, una pequeña reflexión sobre un tema que espero algunos no estén de acuerdo (y espero sus opiniones). Se que muchas veces la vida nos lleva a tener que tener esta relación con amigos pero no es fácil llevarlos y al fin y al cabo, en algún momento, o el jefe o el amigo tienen que ceder porque siempre, en algún momento, tarde o temprano, habrá conflicto de intereses entre el jefe y el amigo, y por eso creo que lo mejor es encontrar esa linea que creo, es mucho más sana. Que mi gente no diga que es “amiga de su jefe”, sino que “se llevan muy bien con el jefe”. Diganme desalmado, diganme chapado al antigua, yo que se, si lo dice Pep…

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Mi primer trabajo fue en un Call Center, vendía Speedy por teléfono. Sí, llamaba a la gente que no quería atenderme y le vendía productos que no quería comprarme. Pero de eso no se trata este post, algún día podría hablar del tema ahora que lo pienso, pero no hoy. Hoy les quiero contar un aprendizaje que me quedó grabado de mi primer trabajo, y que recién pude aplicar muchos años después cuando tuve gente a cargo en el trabajo, y es la regla de la “Triple I”, o i³.

Resulta que los sábados a la mañana el Call Center no trabajaba. Solo iban los dueños y el (boludo del) “pibe que arreglaba las computadoras”. Yo (sí, solo duré como telemarketer tres meses, esa también es otra historia, pero pude quedarme ahí más de tres años). Entonces, hablábamos mucho y el dueño que oficiaba de Gerente General de la empresa me contaba sus pormenores con la gente, los problemas que tenía y lo dificil que era lidiar con 100 estudiantes universitarios en su primera experiencia laboral. No se si leerá este blog, lo dudo, pero aprendí mucho de él en mi primer experiencia laboral y hubo un diálogo que me quedó grabado, el día que me dijo “mirá, con la gente hay que aplicar la regla i³: instruir, insistir, imponer. Y esta regla es genial, nada resume mejor cómo tenemos que trabajar cuando tenemos gente a cargo, es algo que le he repetido varias veces a los chicos que trabajan conmigo y tienen gente a cargo y que ahora, con Un Mundo Binario de vuelta, vale la pena compartir con ustedes.

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Hay frases que queda bien decirlas. No importa qué basura esconden detrás, no importa si las hemos analizado o no, hay frases que si las decimos, somos cool, somos piolas y quedamos bien en el grupo que sea que la digamos. El tema es que muchas veces detrás de esas frases no se dice nada, o se dicen cosas feas, o cosas que no ayudan, o cosas que no contruyen, o mentiras. Así que cuando vean que un post arranca con “basura en colores” (el título sale de una hermosa canción de Rubén Goldín que igualmente creo habla de otra cosa, solo robo el título), de eso se trata. Hace un tiempo escribí sobre la suerte y el éxito, o mejor dicho, la frase que dice que “la suerte es para los mediócres”. Y hoy, para retomar, qué mejor que hablar de liderazgo y de la “famosa” diferencia entre ser jefe y ser lider.

Me ha tocado asistir a varias capacitaciones sobre coaching, liderazgo, management, y otras yerbas este último tiempo; además de leer mucho al respecto. Y es común escuchar esta idea de que hay que ser líder y no jefe, ver cuadros como el que pongo debajo o escuchar varias frases que destacan las diferencias, entre las que se destaca una que es mi favorita por cuanto la detesto: “el jefe habla, el líder escucha”.

El jefe y el líder - tabla

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Se que hay lectores que pueden odiar los deportes, y no es mi intención que este sea un blog sobre esa temática, pero sí creo que muchas veces lo que ocurre en ese mundo puede tener cosas piolas para aprender que al fin y al cabo hablan de cómo somos como sociedad, como personas o como profesionales. Estoy haciendo mucha fuerza para no hablar sobre fútbol, sobre lo patéticos que somos a veces como sociedad los argentinos, pero quiero que sepan que estoy borrando muchas cosas para ir al tema de lleno: ¿qué tiene que tener un líder? (alguno se acordará que ya resumí eso en palabras de un grande)

Sobre este tema hoy me encuentro con un post titulado Quiero que mi jefe sea Maradona que voy a asumir que está escrito por una persona que sabe de fútbol, que no se deja llevar por pasiones sin sentido de los argentinos (y por la influencia periodística que hay sobre esta pasión). Insisto, no conozco a quién escribió el post pero voy a asumir el mejor de los casos. Resulta que esta persona dice que quiere un jefe como Diego. ¿Por qué? Porque transmite valores (supuestamente, desconozco a cuáles se refiere), porque motiva al equipo, les da confianza, les da a todos un rol protagónico (?), y se concentra en el resultado final.

Un párrafo aparte para decir que entiendo básicamente todos estos argumentos como erróneos: no creo que Diego tenga muchos valores para transmitir al equipo, no creo que el equipo haya estado motivado (voy sobre esto más abajo), ni creo que otorgue confianza a los jugadores (varios llegaron al mundial como titulares y terminaron en el banco con cara de traste), ni les da a todos un rol protagónico (expresiones como “Messi y diez más” hablan de un único rol protagónico, ¿no?).

En fin, pero vamos a lo que quería contarles hoy, por qué no quiero un jefe como Maradona. Acá vamos:

  • Porque la motivación es una condición, no EL camino: ¿en serio les gustaría tener un jefe que entienda que un abrazo, un piropo desmedido o una arenga sea su PRINCIPAL argumento para lograr los objetivos?  Entiendo a la motivación como una condición para lograr un objetivo, pero el trabajo de un líder tiene que ir muchísimo más allá de la motivación a su gente, se trata de planificar, de estimar, de tener una estrategia.
  • Porque la motivación se ve, no se escucha: la distancia entre Diego diciendo que su equipo estaba motivado, a ver realmente en la cancha tal situación es enorme para cualquiera que entienda un poquito de fútbol. Jugadores saliendo enojados de la cancha, otros enojados con los gestos desde el banco, entre otras; son algunas situaciones que marcan que el que más motivado estaba era Diego, pero el plantel nunca demostró mucha motivación adentro de la cancha. A veces es bueno vender menos humo y dejar que muchas cosas se vean en lugar de venderlas en formato de palabras.
  • Porque un jefe debe medir sus palabras: en el ciclo Maradona dijo muchas cosas sin medir las consecuencias de quedar pegado a tantas idas y vueltas: “Carizzo es mi arquero” (no fue ni convocado), “Papa es mi 3” (no fue convocado), “Heinze no es lateral, es central” (terminó jugando de lateral) o “Jonás y 8 más” (terminó siendo suplente). Cuando uno es líder de un grupo de personas, debe medir sus palabras porque decir tantas pavadas que suenan bien en el momento pero que no se pueden sostener en el tiempo tienen una clara consecuencia: perder credibilidad. Obvio que uno puede cambiar de opinión, equivocarse, pero medir las palabras es otra virtud que me gustaría de un jefe.
  • Porque un jefe escucha y consulta: ante un conflicto con quién elegía a los jugadores Maradona destacó que era él quién tenía la palabra final, lo cual es razonable para un jefe. Y después agregó: “Es más, ni sugerirme pueden“. Ah, listo. ¿Tengo que explicar algo más de este punto? Un líder al que no se le puede sugerir, no es un líder. Eso.
  • Porque un jefe se prepara en lo que hace: alguno me podrá decir que fue un gran jugador de fútbol, pero a uno le gustaría que un jefe tenga algún tipo de preparación acorde a lo que se espera de su puesto. Digo, en el mundo hay un estándar que los directores técnicos tienen que hacer un curso. Todos lo tienen menos uno. ¿Ese es quien vos querrías de jefe?
  • Porque un jefe respeta a su equipo y entiende que no es el protagonista: negar que Maradona ama las cámaras es un absurdo. Y la verdad es que preferiría un DT que cuando termine el partido se vaya al vestuario y me felicite adentro. Que entienda que hay momentos que debe acompañar, y dejar a otros ser protagonistas. O peor aún, respetar a su equipo y al entorno. Papelones como el insulto a periodistas no son dignos del jefe que me gustaría tener. Peor aún el desprestigio a su propio equipo, riéndose en conferencia de prensa ante un supuesto cambio que él le discutió a sus ayudantes y usando una expresión poco sana tipo “les gané“. ¿A quién les ganaste? ¿Con quién estabas compitiendo?

Claramente, este tipo al cual le tengo muchísimo cariño, y lo considero el mejor jugador de fútbol de la historia, no lo quiero como jefe. En un equipo de ventas Diego sería lo más parecido a Michael Scott en la serie The Office: un tipo que fue un gran vendedor pero que cree que logrará que su equipo venda con un poco de motivación barata y argumentos débiles.

Como habrán notado, al fin y al cabo no estoy hablando de fútbol, sino sobre liderazgo, sobre cómo creo que debe ser un jefe o como me gustaría serlo a mí, en todo caso. ¿Qué dicen? :mrgreen: