Sachsenhausen, de “visita” en un campo de concentración

Seba Bortnik —  16 octubre 2013 — 3 comentarios

Ya les conté que tuve la suerte de conocer hace unas semanas la hermosa ciudad de Berlín y en esa visita, elegí el último día hacer un tour para conocer un campo de concentración, más particularmente Sachsenhausen (hago copy-paste cada vez que tengo que ponerlo, obvio que no lo escribo, y ni mucho menos lo pronuncio). Imaginé que ir a un campo de concentración sería una experiencia fuerte, triste y complicada; pero me pareció que era una oportunidad especial poder ver las “memorias” de un hecho histórico como el holocausto y la segunda guerra mundial. Y me quedé corto. La experiencia fue más fuerte de lo que pensaba, y valió más la pena de lo que pensaba.

Como digo siempre, este no es un post histórico. Si no sabés qué carajo pasó en la segunda guerra mundial, qué fue el holocausto, quién fue Hitler o qué es un campo de concentración, estoy seguro que puedes pasar 10 minutos entre Google y la Wikipedia para adquirir los conocimientos básicos antes de seguir leyendo. Finalmente, el tour lo hice con Viva Berlín, y aprovecho para recomendarlos para aquellos que vayan a viajar por esas tierras, todo funciona correctamente y los costos de los tours son muy accesibles.

Ahora sí, vamos a la experiencia en sí y vale la pena empezar por el final. Cuando terminó el día chateaba con mi hermano y me preguntaba si me había “pegado” (emocionalmente hablando, no es recomendable consumir drogas al momento de visitar un campo de concentración) de una forma particular la visita por el hecho de tener orígenes y familia judía, y le contesté que nadie que se precie de ser un ser humano y tener algo de sentimientos puede salir bien de esa visita. Obviamente que si uno es judío o vivió una vida judía (como fue mi caso, hoy devenido en ateo), estudió al holocausto de chico, tuvo la suerte de conversar con sobrevivientes de campos de concentración o conoce familias y amigos que perdieron seres queridos allí, puede tener algún significado especial. Pero lo importante no pasa por allí. El holocausto fue un crimen contra toda la humanidad (sí, trillado, pero real), pero además posee algunas características particulares que profundizan lo acontecido en cualquier guerra: lo que se hizo en el holocausto fue macabro. Se que es macabra la guerra, que la gente muera por una bala o que la gente muera de hambre en el África. Todos me parecen crímenes contra la humanidad. Pero acá en el holocausto aparecen algunos componentes realmente fuertes, por la forma en que el nazismo logró industrializar la muerte y por el logro de convencer al pueblo alemán (y muchos otros) para gobernarlos (recordemos: el nazismo llegó al poder por el sobre valorado voto popular).

CampoHomenaje

Dos o tres cosas que me quedaron muy grabadas de la visita. En primer lugar, cómo el nazismo trabajaba para que los soldados pudieran realizar una tarea tan difícil como la que realizaban. Matar gente no es fácil. Matarlos masivamente y en circunstancias infra-humanas, menos aún. Y para ello el nazismo apelaba a algunas estrategias macabras, que pueden verse en el campo y los museos que hay dentro de él. Por ejemplo, se veían imágenes de presos que estaba siendo golpeados con látigos. Pero he aquí el detalle: en las imágenes capturadas se veía claramente cómo el “golpeador” era otro prisionero mientras los oficiales miraban atentamente. Es decir, obligaban a otros prisioneros a golpearse entre ellos. Parece un detalle, pero la suma de estos detalles ayudaba a que los soldados pudieran vivir con ello. Y nuestra guía nos contaba cómo esto estaba estudiado por los nazis.

Otro de los aspectos fundamentales fue, por supuesto, la campaña publicitaria, o mejor dicho, la propaganda nazi, la obra maestra de Joseph Goebbels, que hizo todo el trabajo de comunicación para convencer poco a poco a la sociedad que los campos o el exterminio eran necesario, que los judíos, los gitanos, los homosexuales eran un cáncer de la sociedad que debía ser exterminado. La siguiente imagen es la puerta de entrada al campo de concentración, solo vean y abajo vemos qué dice:

CampoEntrada

Arbeit macht Frei, del alemán al español, el trabajo libera. ¡El trabajo libera! Eso decía la puerta del campo. Así, miles de detalle eran parte del plan para mostrar a los campos como cárceles, y no como centros de detención inhumanos. También veíamos en un museo una imagen impactante, donde por ejemplo se veía a todos los presos formados super abrigados, con sombreros, guantes. La guía nos contaba cómo esas fotos eran usadas para publicar en los medios, y vestían a los prisioneros con mucha ropa para que no se note lo flacos que estaban. Los prisioneros morían, generalmente, pesando entre 40 y 50 kilos. Esta es otra foto falsa usada para publicidad, donde parece que el soldado trabajaba a la par de los prisioneros para sacar una mina del piso, vean la foto y después les cuento por qué es falsa:

CampoPubli

Los prisioneros están demasiado gordos, demasiado peinados y ¡miran a la cámara! ¿Se entiende lo macabro del sistema? Así, paso a paso, con esta campaña y esta propaganda fueron haciendo todo paso a paso, cada día más sangriento, más macabro, más asesino, y la gente no se dio cuenta. Goebbels tiene varios escritos sobre su programa, y en uno de ellos enumera los principios de cualquier propaganda eficiente, y hay una que me quedó muy grabada de las que contó la guía: una mentira repetida las suficientes veces se convierte en verdad. Cualquier semejanza con la realidad, es pura coincidencia. Hay un poema muy famoso de Martin Niemöller (un reverendo) que cuenta al respecto:

Primero vinieron a por los comunistas,
Y yo no hablé porque no era comunista.
Después vinieron a por los judíos,
Y yo no hablé porque no era judío.
Después vinieron a por los católicos,
Y yo no hablé porque era protestante.
Después vinieron a por mí,
Y para entonces, ya no quedaba nadie que hablara por mí.

Para cerrar, algunas ideas sueltas, recordemos lo que les decía antes, “el nazismo llegó al poder por el sobre valorado voto popular” (ya me explayaré sobre esto algún día). Bertold Bretch decía que “no hay peor fascista que un burgués asustado”, y es probablemente la frase que mejor explica cómo el nazismo pudo hacer lo que hizo: lo que pasó, ocurrió en un país devastado donde abundaba la pobreza, de donde salían la mayor cantidad de los soldados de la SS, gente humilde que encontraba en el nazismo un significado para su vida. Qué peligrosa es la pobreza.

De alguna u otra forma, recorriendo el campo, uno conecta con lo peor del ser humano. Lo más duro no es ver el dolor y la muerte que allí se infligía. Lo más duro es recordar paso a paso que ese dolor y esa muerte eran ejecutadas por una persona como nosotros.

Arriba puse una foto de un homenaje que hay en el recorrido, pero con zoom hubo algo que me llamó particularmente la atención. Quiero cerrar este post con algo triste, esperando haber compartido algo de la fuerte experiencia que fue para mí recorrer (por momentos con lágrimas en mis ojos) el campo de concentración de Sachsenhausen. Vean la cara de este prisionero, vean el miedo en sus ojos. Nunca ignoremos el miedo ni el dolor en los ojos de nadie.

CampoCara

Nos vemos otro día, espero, con temas más alegres.

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3 comentarios para Sachsenhausen, de “visita” en un campo de concentración

  1. 

    Seba,
    Tuve el honor de estar en Sachsenhausen y poder participar de una experiencia de profunda humanidad, en el sentido de ver hasta donde puede llegar el humano con otros humanos. El lugar está muy solemnemente creado, sin show e incluso por haberlo visitado en pleno invierno la experiencia conmovía más. Tuve un guía argentino que la rompió. Gracias por compartirlo y permitirme revivir ese momento imborrable.
    Saludos,

    Mariano

  2. 

    Impresionante! siempre me dije que cuando vaya por aquellas tierras, no quiero dejar de visitar un lugar asi, solo para reforzar mis creencias y convicciones de lo macabro que puede ser el hombre, conocer la historia de primera mano y de lo que no queremos nunca mas!.
    Muy buen post Seba! Abrazo

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