Un cuento y algo más sobre las horas que trabajamos

Seba Bortnik —  24 septiembre 2013 — Deja un comentario

La semana pasada me despaché con un post que terminó siendo bastante discutido, no tanto aquí en los comentarios, sino en redes sociales donde tanto yo como algunos lectores lo compartieron. Se trata del post “8 horas para trabajar, 8 para disfrutar y 8 para el resto…“, donde analizaba si la jornada laboral no era demasiado larga para los tiempos que corren, si no era mejor disminuir un poco las horas y buscar empleados que sean más felices y, por ende, más productivos. De entre las recomendaciones y comentarios que me llegaron, me quedo con una en particular, ya que conocí el hermoso cuento de Abelardo Castillo “Also sprach el señor Núñez”, que con un poco de magia y tragedia reflexiona sobre las horas que trabajamos en la oficina. Aquí, solo un fragmento del libro muy relacionado a mi post, pero en el enlace anterior pueden leer el cuento completo de este tremendo escritor argentino (gracias a Sofía Galarce por compartir el cuento y al amigo Puky Sorondo por compartir el post en su Facebook):

Cada día, semana tras semana, todos los meses de estos últimos quince años, nosotros, los oficinistas de este peligroso depósito pirotécnico –Núñez acarició significativamente la valija–, nos hemos levantado, los menos madrugadores, a las siete de la mañana, para ocupar nuestro escritorio a las ocho en punto. Hemos ido a almorzar, hemos vuelto, hemos salido a las seis de la tarde. ¿A qué hora regresábamos a nuestra casa?: otra vez a las siete, es decir, medio día después. Agreguemos a esto las ocho horas de sueño que recomiendan los higienistas más sensatos: veinte horas. Las que faltan han sido repartidas, y sigo memorizando el opus de antes, en “satisfacer nuestras urgencias instintivas”, leer el diario, indignarse por el precio de la fruta, escuchar el informativo, destapar la pileta. Los más normales. Porque los otros, los que disparando enloquecidos de una oficina a otra pudieron pagar la cuota inicial del aparato televisor (que viene a ser la más sórdida, la última maquinación para embrutecer del todo al género humano), los otros, digo: ni eso. Qué tal.

No me extraña que un escritor lo pueda decir tanto mejor que yo, recomendadísimo el cuento. Además, surgieron algunas otras observaciones que quería compartir con ustedes:

  • Aunque en la explicación lo describí correctamente, el título del post está mal, es una mala traducción que debería ser “8 horas para trabajar, 8 horas para disfrutar y 8 horas para descansar” (gracias Abby Ferrari).
  • También salió el debate si no estamos demasiado en la escuela, amerita otro post, pero no está de más que lo vayamos pensando, ¿no?
  • Además, varios se quejaron de trabajar aún más de 8 horas: 9 horas y media, 10, 11, y mención aparte se hizo a los médicos que tienen jornadas de 24 horas muchas veces.
  • Finalmente, me confirmaban en mi Facebook que en Francia ya están trabajando 35 horas semanales y además tienen 5 semanas anuales de vacaciones, bastante más de las dos que tenemos aquí en Argentina la mayoría de los laburantes (gracias Guillermina Catervi por los datos).

Si aún no lo leyeron, recomiendo el post original porque no estaría de más escuchar su opinión al respecto, ¿no trabajamos demasiado?

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