Pequeña historia cuya moraleja es simplemente “no dejar que te roben”

Seba Bortnik —  19 febrero 2008 — 6 comentarios

Hace varios días que tenía ganas de compartir esta historia en el blog. No porque ésta tuviera algo que ver con la tecnología, sino porque la considero valiosa respecto a lo que pude aprender de ella y habla de este mundo mediocre en el que vivimos. Aquí va…

La situación se origina porque tengo nuevo laburo y, por ende, nueva cuenta bancaria para cobrar el sueldo. En resumidas cuentas me levanto una mañana y voy al banco dispuesto a retirar la tarjeta que me permitirá luego, poder cobrar todos los meses mi querido sueldo. 😉

La situación se desarrolla, en un principio, con normalidad: me atiende una señorita muy elegante, le informo mi nombre y que vengo a nombre de tal empresa y esta persona muy amablemente me hace sentar y se va en busca de lo que le solicité. A los pocos minutos (no tan pocos) vuelve con un inmenso sobre cerrado. Se sienta en el escritorio y lo abre frente a mí.

A partir de ese momento comienzan unos cinco minutos de información respecto a las características de la cuenta bancaria, los costos de retirar de uno u otro cajero y un montón de etcéteras varios hasta que escucho la frase: “Ah… y también con la cuenta tenés un seguro de vida“. Así, como al pasar me lo dice, como si fuera un simple comentario, como si me dijera “qué lindo está el día” o “el baño queda al fondo a la derecha“. A continuación, el dialogo que continuó entre la persona que me atendió, y este humilde hablador…

Yo – “Disculpame, ¿cómo es eso que tengo un seguro de vida? Yo no quiero un seguro de vida”.

Ejecutiva de Cuentas – “Mirá, es solo por tres meses, a partir del cuarto mes lo podés dar de baja. Me llamás a mí y lo cancelás”

Yo – “¿Así de fácil? ¿Te llamo y vos lo das de baja?”

Ejecutiva de Cuentas – “Sí, sí, no te preocupes”

Yo – “Ok, entonces los primeros tres meses son gratis, ¿no?”

Ejecutiva de Cuentas – “No, el seguro vale siete pesos ($7) por mes”

Les pido que se detengan aquí un segundo y que piensen la situación y si encuentran algo anormal, algo por lo que yo debería quejarme. ¿Está claro lo que está pasando? Me estaba “obligando” a contratar un servicio que en ningún momento manifesté interés en contratar. Yo pensé que “obligarme” era un poder que esta persona no tenía, pero veamos…

Yo – “Disculpame una cosita: yo no quiero tener ese seguro y pagar 21 pesos por algo que nunca pedí.”

Ejecutiva de Cuentas – “No se puede cancelar, viene con la tarjeta”

Yo – “Entonces no quiero la tarjeta”

Ejecutiva de Cuentas – “No se puede, viene con la cuenta”

Yo – “Entonces me estás robando”

Ejecutiva de Cuentas – “Mirá, yo no puedo hacer nada, es así”

Yo – “Bueno, si es así, voy a aceptar que me caguen pero me estás robando”

Ejecutiva de Cuentas – “NOOO, ¡por favor! no digas eso, no quiero que pienses que te estamos robando”

Yo – “Ayudame encontrar, por favor, otra palabra para describir que me estás sacando un dinero que no te quiero dar

Ejecutiva de Cuentas – “ejem…” (tos, murmullo, nada)

Yo – “Está bien, si es una obligación, me la banco, sigamos que me tengo que ir a trabajar”

Esta persona se tomó unos minutos para preparar todos los papeles que yo tenía que firmar y yo, me tomé esos minutos para pensar un poco en mi dignidad. ¿por qué debía aceptar que me roben de esa manera? ¿estas personas tendrán algún argumento legal para poder tomar mi dinero así como así? ¿yo puedo hacer lo mismo con otra gente? ¿obligarlos a darme su dinero? En este punto y antes de continuar con el cierre de la charla debo aclarar algo que espero que esté claro: los $21 me chupaban un huevo en ese momento. Estaba muy enojado por la situación y porque constantemente nos pasan estas cosas. En fin, luego de un silencio de unos minutos, retomo la conversación.

Yo – “Mirá, vos me sabrás disculpar, no es algo personal con vos; pero si ustedes me van a robar mi plata así como así, yo por lo menos quiero hablar con un superior o dejar un reclamo asentado”

Ejecutiva de Cuentas – “Eh… sí, está bien… eh… te entiendo. No hay problema”

(no estaba muy convencida por su voz, ella retoma sola la conversación)

Ejecutiva de Cuentas – “Mirá, mi interés no es que vos te enojes”

Yo – “No, ya lo se, probablemente tengas ordenes de encajarme este seguro, pero entonces me vas a tener que dar un libro de reclamos para que yo lo firme”

Ejecutiva de Cuentas – “Bueno, está bien” (resignada ya)

Seguido de esto, esta mujer comienza a darme papeletes para firmar: “firma acá”, “firma allá”, “otra firmita por allá”. Mi iba informando qué firmaba: “esto es por la cuenta”, “esto por la tarjeta”, “esto por no se qué carajo”, y “esto es para el seguro“. CHAN.

Yo – “Este es el contrato del seguro”

Ejecutiva de Cuentas – “Sí, es ese”

Yo – “Bueno”

Acto seguido, y antes de firmar la hoja, comienzo a escribir en la cabecera del documento: “Nota: debo dejar constancia que no estoy de acuerdo con este servicio, que no lo quiero…” (y que lo considero un robo). Pero no pude terminar de escribir. Cuando vió que estaba escribiendo la hoja pegó un grito bárbaro y me la sacó de las manos. “No podés escribir eso, es un documento”. A lo que yo le expliqué que no iba a firmar ese documento sin dejar registrada mi disconformidad. Las palabras finales fueron:

Ejecutiva de Cuentas – (quitandomé la hoja del seguro y guardándola) “Dejá, dejá, yo voy a ver qué puedo hacer para que te lo saquen”

Yo – “¿Segura?, ¿así de golpe? ¿no hace falta dejar ninguna constancia?”

Ejecutiva de Cuentas – “No, quedate tranquilo que igual no firmaste nada” (es verdad, yo no había llegado a firmar la hoja)

Así, como si nada, por arte de magia, el seguro había dejado de ser obligatorio. Increíble. No tengo más palabras para describir con la calentura que salí del banco. La única palabra que define eso es estafa: te hacen creer que algo es obligatorio pero no tienen ningún sustento, con un poquito de enojo automáticamente te lo sacan. Pero, ¿cuánta gente se enojará? De hecho, luego me quedé pensando cuántas veces me habrán cagado y me dió más bronca aún. Yo no acostumbraba a hacer este tipo de reclamos pero ahora me estoy volviendo un poco más intolerante con las faltas de respeto a la sociedad y la ciudadanía y, por este ejemplo, tengo la alegría de decir que estoy contento con los resultados.

De todas formas, insisto, quizás si iba 10 veces más no reaccionaba así y hoy estaba pagando un seguro de vida que nunca solicité.

Así que hace unos días, aprendí que cuando es taaan obvio que te están cagando, no importa que el “poderoso” esté del otro lado, con un poco de sentido común, la voz un poco elevada (no hubo insultos ni nada de por medio, el trato fue siempre cordial) y demostrando que no vamos a permitir que nos roben, se puede lograr el cometido.

Luego de la reflexión, me queda como siempre, un poco de bronca y de tristeza, porque somos así de mierda como sociedad; y un poco de alegría, sabiendo que todavía tenemos voz como para decir NO cuando corresponda.

En fin, ojalá esa persona estuviera leyendo esto y pueda reflexionar respecto a las actitudes que toma. Tengo la sospecha, aunque en un principio culpaba al banco, de que los ejecutivos cobran una comisión por cada seguro que “venden” (¿se lo puede llamar así?). De todas formas, nunca sabre la verdad, la única verdad que me queda es que, por un ratito en la vida, pude mantener mi dignidad y evitar que me roben.

Valió la pena.

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6 comentarios para Pequeña historia cuya moraleja es simplemente “no dejar que te roben”

  1. 

    Siempre que uno se apiole a tiempo, hay que quejarse (en lo posible educadamente, levantar un poco la voz no lo veo tan mal). Me gustó el post porque uno puede tomar conciencia y estar prevenido de estas cosas.
    No veo que sea una pérdida de tiempo, es una inversión para prevenir dolores de cabeza, subidas de presión, dolores en el pecho, etc.
    Cada vez que el banco (o empresa X) fracasa en meternos una de estas estafas, porque son estafas, es un punto a favor nuestro.
    Lo más importante como siempre es informar a la gente y advertirlos de que no hay que confiar ciegamente en ninguna empresa. Todos los beneficios que ofrecen tienen su parte oscura, nuestro deber es descubrirlos.

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